martes, 23 de febrero de 2010

Mapa encontrado a los ladrones de Helgor


Traición en Helgor IV, la caída de la ciudad.


Arti, el pícaro y Suintila , el arquero regresaron a la posada para salvar a los refugiados. Allí se les unieron un bárbaro norteño llamado Igür y un druida local , Oluk. Todos estaban convencidos de intentar salvar primero a la gente de la posada y luego al pueblo.

Volvieron a las alcantarillas y allí pudieron comprobar que los muertos vivientes también habían accedido a los subterráneos.Se desencadenó una peligrosa lucha en la que tanto Arti como Igúr se quedaron como paralizados tras ser mordidos por las aberraciones que les rodeaban.

Afortunadamente las flechas de Suintila y la mágia de Oluk pudieron acabar con los no muertos.

Encontraron a Gartalas mal herido e iniciaron el camino hacia la salida. Antes pasaron por las estancias que servían de refugio a los rufianes que trabajaban para el clan de los Ebonmar,pero ya se habían marchado.

Tan solo encontraron un mapa del valle del Elsir, al norte , donde Drellin aparecía marcado con una cruz, sin ninguna otra anotación.

Al salir más allá de la muralla tuvieron que descansar y recuperarse pues sus heridas eran demasiado graves.Enviaron a los refugiados hacia Kelven y Arti envió un mensaje para sus patronos a través del gobernador de Kelven.

Desgraciadamente al día siguiente , cuando regresaban la ciudad había sufrido un horrible destino.La lucha entre los gran trasgos y los muertos parecía haber finalizado con la victoria de los primeros. En el cuerpo de uno de los gran trasgos encontraron monedas de oro del antiguo reino de Rhest , al norte.Quizás un indicio de donde provenían.

El orbe había desaparecido del pedestal de la estatua y los gran trasgos debían tenerlo ya en sus manos.Los prisioneros de la plaza del mercado habían sido cruelmente asesinados y quemados.

En el pueblo ya no quedaba nadie con vida, y los héroes no habían podido evitarlo.

Con lágrimas en los ojos solo pudieron rescatar unos caballos y ponerse camino al norte adelantándose al grupo de gran trasgos.Era imposible intentar acercarse al lider Ogro ahora que estaba rodeado por todos sus soldados.

Gartalas les había indicado también que en Drellin vivía un sabio amigo de Sherlane llamado Asmodeus quien podría hablarles más de los orbes y del peligro que suponían para todos los seres vivos si caían en malas manos.

Hacia allí partieron con la intención quizás de tender una trampa a los gran trasgos que también se estaban preparando para salir hacia el norte.

lunes, 1 de febrero de 2010

Traición en Helgor III, esperanzas para Helgor


Tras la desaparición del grupo que había sido enviado a las catacumbas solo quedaba Suintila el arquero del grupo original.

En el sótano de la taberna entabló contacto con un amistoso extranjero , Arti , un pícaro proveniente de Haven , la capital del reino . Decidieron aunar fuerzas para intentar salvar sus vidas y quizás las de los habitantes de Helgor.

La situación en el pueblo era aún más desesperada que el día anterior pues los muertos vivientes se multiplicaban rápidamente y los gran trasgos de la horda controlaban la mitad norte del pueblo. La noche aún continuaba y la podredumbre había tornado en baldía la tierra sobre la que se asentaba la ciudad.

Tras varios posibles planes decidieron intentar rescatar a aquellos que aún quedasen con vida en el templo de Heironeus, en la plaza , accediendo a él por las alcantarillas, para luego regresar con Jaren y sus hombres.

El camino hasta la entrada de los subterráneos se vio interrumpido por un grupo de no muertos que se abalanzaron sobre la pareja saliendo de entre la oscuridad reinante, pero su escasa velocidad y torpes movimientos les permitío escapar.

En las alcantarillas eligieron un camino equivocado, pero fue una suerte pese a caer en una peligrosa trampa colocada en el umbral de un pasadizo. Descubrieron la guarida de unos rufianes locales que decían formar parte de los Ebonmar, un peligroso clan criminal del reino.Pagados generosamente con oro revelaron la organizacion y salidas de las alcantarillas a los héroes y la existencia de un camino al exterior , más allá de la muralla , entre los árboles y fuera del alcance de la bestia alada.

Era lo que les hacía falta.Llegaron al templo, avisaron a Gartalas y sus adeptos y regresaron a la taberna.No sin antes enterarse por el clérigo de que había investigado las notas de Sherlane y al parecer todo el asalto a Helgor se debía a que uno de los poderosos Orbes del destino se encontraba en la ciudad.

Los Orbes del destino son poderosos objetos mágicos , ligados cada uno a un tiempo, Pasado, Presente y Futuro y fueron creados por los dioses para proteger el curso de la historia de la intervención alteradora de hombres o dioses.Al parecer quién posea los tres tendrá el poder en su mano para transfomar la faz de la tierra y tan solo uno de ellos atesora más energía mágica que la que puedan tener mil hechiceros y magos juntos.
También Gartalas les habló de una tradición de la tribu del lider ogro de los grantrasgos, al parecer si era retado a combate hombre a hombre era la tradición de su grupo aceptar y debatirse por el liderazgo. Al resto solo les quedaba acatar la decisión que saliese de ese duelo a muerte , sea cualquiera que fuera.
El camino de vuelta resultó casi mortal , otro grupo de seres no muertos arrinconó al grupo en una calle y el ruido alertó a una poderosa entidad fantasmal que llegó para extraer la energía vital de los héroes.

La criatura , intangible y similar a una sombra espectral tocó una vez con su gélido abrazo a Suintila quien sintió como escapaban sus fuerzas por momentos.

Arti, fue gravemente herido por los zombies y rozaba la inconsciencia pese a que su estoque mágico era el único que podía herir a la criatura.

Al final y gracias a la llegada del capitán Jaren y algunos de sus soldados pudieron derrotar a los zombies y hacer escapar a la poderosa sombra.

Pusieron paso firme hacia la posada. No debía quedar mucho tiempo para que los grantrasgos o los muertos vivientes encontrasen el refugio de los aldeanos y debían ponerles a salvo.

El destino de muchos estaba en sus manos.Las siguientes horas supondrían la diferencia entre una historia cantada por los bardos y llena de épica o una solo recordada entre lágrimas por los refigiados que pudiesen escapar de la ciudad destruida.